Y cuando te sientes ageno a los ojos que te vieron nacer, qué más se puede hacer que uír. Cuando estás al otro lado del mundo, mientras todos se alejan poco a poco. Y qué más se puede hacer cuando la tristeza terminó por apagar nuestra llama, e incendiar la conciencia hasta volverla ceniza. Qué queda después de nuestra canción. Ya no ha existido nada, solo la lejanía, el viejo hogar, la tristeza que ha durado por años, que no se desvenece. La amargura recorriendo como vidrio por las venas.
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